Walter Giardino: “En la Argentina el rock se emparejó para abajo”

thCAMZ3LKA

A diferencia del volumen y velocidad a los que lleva atravesadas casi tres décadas de escenarios y 15 álbumes -mañana a las 21 presentan su flamante Tormenta eléctrica en el Luna Park- al frente de Rata Blanca, en su casa, Walter Giardino habla pausado, con una bienvenida dosis de sensatez en cada respuesta.

¿Cómo ves al rock argentino?

En Argentina el rock se emparejó para abajo. Hoy, la gente no admira, se identifica. Son puntos de vista bastante diferentes. Una cosa es una persona que va a ver a una banda o músico a expresarse y a llevarlo con su música a otro lado, y otra cosa es que vayas a saltar con tus amigos. Quizás las bandas que más gente convocan no son las que mejor tocan. Ya no hay esa relación. Son gustos. ¿Qué está bien y qué está mal, quién lo puede decir? Pero de música no hablemos, entonces. Hablemos de fenómenos sociales, de convocatorias, simpatías, de sentirse identificado. Todas esas historias, para mí, son extra musicales. Nunca escuché música por simpatía. Jamás. Bach tenía una cara… y Beethoven, ni te cuento… ¿Entendés? Parece que no eran muy simpáticos los hombres, pero eran Dios.

¿Qué escuchás en tu casa o en tu auto?

Hace mucho que no descubro bandas que me enciendan a preguntar. Va a haber todo un recicle de la música de rock que va a detonar en cinco o seis bandas que van a sacudir todo de vuelta. No tengo duda de eso. Lo que sucede es que el rock, definitivamente, está separado del establishment, otra vez. No está mal eso. Las cosas se fueron yendo para un lugar que se puso todo medio oscuro, raro, y que ahora va a volver a progresar y que van a aparecer nuevas bandas que van a decir: “Yo escuché a Led Zeppelin, a Deep Purple”. Por primera vez en el mundo y en la historia de la música, padres e hijos comparten el gusto musical. Nunca había pasado eso.

¿Se dan cuenta de la inspiración que son para bandas del metal y hard rock?

No mucho. Obviamente es algo que termina siendo natural. Los músicos son discípulos obligados. No existe uno que nazca sabiendo. Pero la inspiración no la logran muchos… Esa es una de las partes que me enorgullece. Siempre digo que si Rata tiene una virtud, es que es una banda cien por ciento real. No hay un marketing o planes de popularidad. Es todo música. Sí fuimos muy populares en otras épocas por aparecer en televisión.

¿Sentís que el rock duro y el metal están considerados subgénero?

Sí; pero nada que ver. Las bandas del mundo de metal llenan estadios. ¿Porque lo haga AC/DC es menos que U2? Ni ahí, ni loco. Metimos 80.000 el Día del metal en Ciudad del Rock, pero se hablaron de otros días de 20.000. Y uno dice: “¿Por dónde pasa, cuál es el problema?”.

Reconocimiento…

No pasa sólo por ahí. Sino de decir la verdad. Nada más. ¿Es por volumen, talento? ¿De qué hablamos? Me parece que la llave es el mainstream. Si sos amigo del mainstream o tenés simpatías, las cosas funcionan de otra forma, y no está bien eso.

Yendo para atrás, trabajaron con nada menos que Glenn Hughes (bajista y cantante de Deep Purple) y Doogie White (vocalista de Rainbow, banda de Ritchie Blackmore, y de la banda de Yngwie Malmsteen).

Trabajar con Hughes fue una especie de demostración; no para mí, porque siempre fui muy optimista. Pero siempre digo esto: “Un chico en el Bajo Flores, con 15 años, mirando la tapa de ‘Burn’ o de ‘Stormbringer’, año ‘75”. Glenn Hughes era uno de los amos del mundo en ese mismo momento. Ese pibe terminó tocando con ese tipo. Si había que apostar en ese momento algo… ¿Qué apostabas? Nada. Eso quiero remarcar. Igual, es más fácil que Walter salga a chocar autos ahora y salimos en los noticieros y ahí digo: “Tocamos en el Luna”. ¡Y funciona, eh! lo vimos hace unos días. (Esta entrevista fue realizada el 12 de agosto).

Hablás de Chano. (Se ríe, evita entrar en polémica y retoma).

No me parece que tenga que ser así. Tiene que ser como es, decirle a los chicos: “Eso pasó por amor, por creer, por trabajar, por no bajar los brazos, querer, cuidar tu banda”. Porque me comí 25 años hasta que llegué a eso. ¿Cómo se hizo? Trabajando, creciendo, sufriendo, teniendo “fracasos” o experiencias. Tocar con ellos, con Glenn, con Doogie, Turner, Bonnet es un premio a esa dedicación, de haber creído, una demostración de que las cosas se pueden hacer y que las barreras las pone uno mismo.

¿Ya existe un “sonido Giardino”?

Creo que sí. Que la guitarra Giardino, digamos, tiene una forma de decir las cosas. A mí me gustan un montón de guitarristas y he aprendido mucho de todos… Los que tocan bien a mí me emocionan. Desde Ritchie Blackmore, Angus Young, Malmsteen, Eddie Van Halen, David Gilmour. Todos ellos, especialmente Ritchie, quizás, fue mi ideal musical junto con Jon Lord, quien me influyó un montón, aunque era tecladista. Yo aprendí con ellos.

Algunos discos o temas de Rata Blanca tienen nombres que corresponden a una especie de fantasía épico medieval. ¿De dónde viene?

Creo que viene de ahí, de la fantasía. A veces me preguntan: “¿De dónde lo sacaste si naciste en el Bajo Flores?”. Que no hay castillos… Hay edificios un poco peligrosos… medio medieval es, nada más… Pero no en el plano que hablamos (Risas). Algunas fechas, digamos sagradas, de los cristianos como el Día de los santos o de los muertos, en el Bajo Flores, cuando yo era muy chico, ponían música sacra. Básicamente ponían a Bach. Era recontra gótico. No supe que era Bach, hasta mucho tiempo después, cuando pude escuchar música barroca. En mi familia se escuchaba música clásica, pero más Tchaikovsky, una línea más moderna. Me gusta, pero lo barroco -Vivaldi, Bach- son los que más me marcaron.

Los discos de la banda los produjiste siempre vos. ¿Hubieses preferido otra opinión?

Ojalá hubiese pasado y hubiésemos tenido la oportunidad de estar con algunos productores que hacen que un disco, si vos lo tenés en 50, se vaya a 200. Pero lamentablemente en Argentina, en el rock metálico, no existe. Lo tenés que hacer en los Estados Unidos, y los mejores son inaccesibles en un mercado donde Metallica, en los ‘90 hizo un disco de un millón trescientos mil dólares. Una locura. Para una banda latina eso no es posible porque no está la política en los productores.

¿Por qué?

Porque prefieren sacar discos de Shakira, con perfumes que se llaman ‘Rock’, cosas que son medias ridículas pero que funcionan porque ganan un montón de plata. Si existiera el apoyo que puede llegar a tener, no sé, Maná en México. Las bandas argentinas tienen excelentes músicos. Pueden hacer un montón de cosas afuera, pero solos no se puede. Lamentablemente, vemos como desde los países latinos desplazaron la música argentina, cuando la música argentina es la más influyente de todas. Ha dictado, más o menos, el camino de cómo hacer las cosas. No estamos vendiendo muebles. Podemos vivir una realidad y decir: “Wow, cómo suena este tipo… ¿Por qué no lo apoyamos?

El nuevo disco, “Tormenta eléctrica”

Con los tapones de punta en busca de la esencia del rock

Luego de siete años de su último disco de estudio, ¿qué expectativas tenés y de dónde sacás fuerzas para seguir componiendo?

Hacer un disco nuevo, de por sí es un incentivo que hace que las cosas funcionen desde un lugar natural. Cuando uno es músico, nace y se muere músico. A mí me gusta ensayar, tocar, disfrutar de los shows. Y la composición es el grado mayor de un músico. Podés ser muy bueno tocando, un virtuoso, pero al final la composición es lo que hace que el músico sea. Todos nos acordamos de Mozart por sus sinfonías. Lo que queda no era lo bueno que fue tocando el piano, sino sus composiciones. Yo esto lo veo como un camino entero. No lo veo como un ‘antes’ o un ‘después de Rata Blanca’. Rata fue un cúmulo de experiencias que vengo acumulando desde que tengo 12 años, cuando toqué por primera vez con una guitarra eléctrica arriba de un escenario. A partir de ese momento fueron todas experiencias que se fueron acumulando hasta hoy.

¿Siguen sintiendo nervios al lanzar un nuevo disco de estudio?

Sí; pero hay dos partes: Una es la económica, como inversión, que ni la pensás, porque creés en lo que hacés. La otra que es interesante, es saber que uno está haciendo lo mejor que puede y que eso, de alguna manera, es lo que le va a llegar a la gente.

¿Buscaron o pensaron previamente que “Tormenta eléctrica” sea más hard rock que metal?

Yo creo que es rock metálico. Las dos partes se notan mucho. Eso nació antes de empezar a hacer las primeras canciones. Ya tenía ganas de hacer un disco así, más dirigido al rock y salir de un poco de ciertas temáticas, más sinfónicas o más neoclásicas, que ya las hicimos, y que volverán en algún momento. Pero hoy salió esto. Es un disco con muchas guitarras, muy potente, con algunas canciones que son más de un estilo Rata, y otras que no lo son quizás totalmente; pero todo termina siendo Rata Blanca. Hay canciones muy entretenidas, muy contagiosas de ritmo y de energía. Eso está pensado también para hacerlas en vivo. Quizás esta etapa tenga cosas que habían quedado retenidas de épocas anteriores mías, de principios de los ‘80 donde escuchaba más las rítmicas de AC/DC o bandas como Judas, donde las guitarras mandaban más. Este disco sale también con los tapones de punta a poner un poco los puntos de que la esencia del rock pasa por otro lado.

Rata y la prensa

“Nos veíamos un poco ninguneados”

¿De dónde vino el enojo contra la prensa que aparece en el tema “Cuarto poder”?

No, contra algunos. Es malo generalizar (Se ríe). Hay cosas que nosotros hemos leído en nuestra vida o visto. Desde la preferencia, que no está mal, y es lógico, ciertos sectores de la prensa veneran a algunos artistas… Que, algunos, desde lo musical, son bastante sobrevalorados en mi opinión. Rata, quizás, también fue una banda bastante problemática en la relación con la prensa desde ese punto de vista porque nunca entendió alguna parte del juego y capaz fuimos demasiado duros en nuestra posición. Eso no quiere decir que no tenga amigos periodistas o que no haya periodistas que respeto, pero cuando sucedieron tantas cosas de estas quizás nos veíamos un poco ninguneados en el contexto. La diferencia es que ahora, uno más grande, no se engancha tanto. Podríamos seguir enojadísimos, pero no vale la pena. Pero hay ciertos códigos que no los podemos leer. Hay situaciones que escapan al razonamiento. Alguien puede decirte a la cara: “La verdad que no me caes simpático”. “Pero de mi música, ¿me podés decir algo?“, le puedo contestar. O de los millones de discos que vendimos o la cantidad de shows que hacemos. ¿No nos caemos simpáticos y se terminó la relación? Eso, me parece que no tiene que ser así. Cuarto poder es un poco eso, luego lo escalamos. Desde algún problema personal que hayamos tenido nosotros, lo potenciamos a la manipulación de información… No nos engañemos, todo tiene color. Si yo tengo un diario, y es mío va a tener el color de Walter. Hay un refrán que dice: “Que hablen bien o mal, pero que hablen“. Yo no estoy muy de acuerdo con eso.

El problema es el mainstream.

A ver, Rata pasó a ser como una banda de culto, real. Y yo estoy contento. Esto es ponerme a prueba, poner a prueba la historia y el aguante de la banda, si sos de verdad o de mentira, si realmente tocás porque llenás estadios… Yo creí, cuando era muy inocente y recién empezaba, que cuando tenías una banda y hacías las cosas bien, las cosas funcionaban normalmente. Me di cuenta que era todo lo contrario. Cuando pasó y vino el éxito y quizás pasamos la raya ‘que no teníamos que pasar’, la de ciertos artistas que tenían que ser número uno, sí o sí, por mainstream… Cuando pasamos esa raya se nos armó un lío que no entendimos más. No sabés qué hiciste mal. Qué es lo que está pasando con el grupo. Quizás hubo errores, seguramente, sobretodo desde nuestro entorno, lo tengo que reconocer. Nunca estuvo a la altura de la circunstancia, fue muy berreta.

¿De qué hablás como entorno?

Los mánager. A la gente que manejó nuestra carrera y que no estuvo a la altura. Hasta un momento llegaron, cuando se pasó esta línea que era donde tenían que pelar, innovar, aprender o crecer, no lo hicieron. Y eso nos perjudicó bastante. Hay muchas deudas que pagamos que no eran nuestras… Con respecto a los periodistas: ¿No se supone que tienen que interesarse en lo que está pasando en esa gira con esa banda argentina que está llenando lugares por todo el mundo? ¿No está bien eso? ¿O tendría que ser al revés? Que yo llame por teléfono y decir: “¿No nos venís a ver y te fijás que onda?“. La puerta está abierta y están todos invitados. Nunca le cerramos la puerta a nadie ni maltratamos a nadie. Nunca jamás dijimos “no” a nadie. Y en Argentina funciona mejor decir que no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *